Hay una prueba que se hace sola: mirá un video con imagen mediocre y buen audio, y después uno con imagen impecable y audio con eco. El segundo se abandona antes. La audiencia perdona lo que ve; no perdona lo que oye.
El micrófono interno no alcanza
El micrófono que trae la cámara está a metro y medio de tu boca, apuntando hacia donde apunta el lente. Capta el ambiente, el eco de la habitación y el ruido de la calle en la misma proporción que tu voz. No es un problema de calidad del micrófono: es un problema de distancia.
La regla es simple: acercá el micrófono a la fuente. Casi todo lo demás es secundario.
Qué tipo te conviene
- Corbatero (lavalier). Se prende en la ropa, a un palmo de la boca. Es la opción más segura para hablar a cámara, entrevistas y contenido de formato largo. Los inalámbricos te liberan de moverte con cable.
- Direccional (shotgun). Va sobre la cámara o en una jirafa. Capta lo que tiene enfrente y rechaza los costados. Bueno para exteriores y cuando no querés micrófono a la vista.
- De mesa (USB o XLR). Para podcast, locución y grabar desde el escritorio. La mejor calidad si no te movés.
Tres cosas que arreglan casi todo
- Grabá en un lugar con cosas blandas. Alfombras, cortinas, un sillón. Las habitaciones vacías con paredes desnudas generan eco, y el eco no se saca en la edición.
- Apagá lo que zumba. Aire acondicionado, heladera, ventilador. El ruido constante de fondo se nota apenas subís el volumen.
- Monitoreá con auriculares. Es la única forma de darte cuenta en el momento de que algo salió mal, y no cuando ya no podés volver a grabar.
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